La música latinoamericana despide a una de sus figuras más influyentes con el fallecimiento de Lucho González, quien a lo largo de su trayectoria se consolidó como un verdadero arquitecto del sonido colectivo.
Nacido en Lima en 1946 y criado en Buenos Aires, desarrolló su identidad artística a partir del cruce entre la música criolla peruana y el folklore argentino, con una fuerte influencia de su trabajo junto a Chabuca Granda.
Participó como guitarrista, arreglador y productor en proyectos de grandes artistas como Mercedes Sosa, Fito Páez, Pedro Aznar y Diego Torres, entre muchos otros, además de trabajar con referentes latinoamericanos como Rubén Rada y Susana Baca.
Su obra trascendió el rol de intérprete: fue un destacado arreglador y creador de climas musicales que enriquecieron numerosas producciones. Su legado permanece en cada canción que ayudó a construir y en la historia misma de la música latinoamericana.
Más que un solista, Lucho González fue un verdadero arquitecto del sonido colectivo. Su guitarra no buscó protagonismo, sino sostener, ordenar y enriquecer cada obra en la que participó. Su legado, inmenso y profundo, permanece en cada canción que ayudó a construir y en la memoria de la música latinoamericana.